miércoles, 26 de agosto de 2015

José Carlos Guerra: Una voz crítica de la Región Leonesa.





Si me remonto al Benavente de mis mocedades me apeno tanto, que se convertiría este comentario en un erial de tristezas. Pero es inevitable hablar de aquella ciudad rica, próspera, trabajadora y con futuro.

Una ciudad en la que la industria harinera, por ejemplo, mantenía abiertas hasta cuatro fábricas de harinas. A lo que habría de unirse una industria linera, una fábrica de zapatillas, otra de galletas, otra de sopas, una fundición de hierro, una cerámica, varios talleres mecánicos, y un comercio próspero que alimentaba a toda la comarca.

Un mercado semanal al que acudía lo más selecto del ganado y lo más florido de los campos. Una huerta que era primor contemplarla desde la Mota cuando en primavera se extendía el albor de la flor hasta Santa Cristina y donde las norias sin cesar extraían el agua para regar los bancales de hortalizas y de árboles frutales. De todo aquello no queda absolutamente nada.

Cambiamos la ciudad con la intención, supongo, de hacerla más cómoda, eliminamos barreras que no eran tales, sino la personalidad de un pueblo que creció sobre el adobe y la piedra y no sobre el ladrillo y el cemento. Se derribaron iglesias, casas solariegas y monumentos que sin estorbar, solo alimentaban el ansia de la expansión inmobiliaria.

Y vino el declive, la ensoñación se acabó de la noche a la mañana y solo quedamos al borde de la vida contemplando cómo la ciudad próspera, la ciudad que soñó en ser cosmopolita, se despertaba de sus sueños de gloria para vivir la cruda realidad. Benavente se convirtió en una ciudad casi dormitorio pero en el que no se podía conciliar el sueño, porque los sueños se habían agotado.

Cuando este verano visité la feria de la alimentación de La Bañeza, que va por su 23 edición, me quedé mudo. ¡Más de cien puestos venidos de diferentes regiones ocupaban calles y plazas! Impensable en esta ciudad que duerme acomodada en su declive.

¿Para que sirvió el hermanamiento con la ciudad que fundara fray Toribio en México? ¿Qué intereses sacamos de aquellas visitas propiciadas por la Cámara de Comercio de aquel país? Es un ejemplo de la inoperancia cuando, sin ir más lejos, León mantiene contactos comerciales con Puebla de los Ángeles. Nos hemos acostumbrado a que nos lo traigan a casa, pero nadie viene a llamar a nuestra puerta. ¿Nos damos por vencidos? ¿Nos instalamos en el folklorismo que ni podemos exportar porque está extinto?

Masacramos las ideas, dejamos de lado las oportunidades y ahora, cuando la crisis nos acucia, cuando las arcas municipales están vacías, cuando el vivir supone una agonía y el mercado va decayendo, cuando los pocos oficios que nos quedan son casi piezas de museo y los negocios se mantienen a duras penas, en vez de hacer más fácil su agonía, estrangulamos su respiración, ponemos zancadillas y dejamos que se vayan desplomando lentamente.

Los parados ya no miran al sol que todos los días es igual, ahora se entretienen en sus paseos contando cómo se llenan los escaparates de carteles anunciando su cierre o su traspaso. Cómo se embadurnan las fachadas con grafitis que escuecen a la vista y cómo se va deteriorando aquella ciudad que tanto amamos y que tanto nos ilusionó.

Acecha la constante vigilancia que no sirve más que para denunciar por el cierre nocturno de bares y cafeterías, asaltan al conductor emboscados en las carreteras con ansia recaudatoria e impiden que la gente acuda a ocupar parte de su ocio. Se amparan en la norma, en la Ley estricta, sin dar concesión a que la ciudad bulla y vuelva a recuperar su alegría.

Benavente se hunde y no solo en los Cuestos de la Mota. Benavente se hunde por los cuatro costados y no hay remedio posible, ni arquitecto que sea capaz de detener su deterioro.

Los políticos van a lo suyo y habría que preguntarles antes de votarles ¿Qué es lo tuyo? ¿A qué aspiras para ganarte mi voto? ¿Quién conoce el nombre del concejal de fomento, si lo hay? ¿Cómo se llama el de cultura si existe? Posiblemente recordemos los apellidos de quien maneja los festejos o de quien ejerce el orden público. Consentimos que sean los de fuera los que renombren nuestras calles y dejamos la cosa cultural en manos de mediocres. Queda muy bien sobre el pecho la medalla de la Corporación Municipal o el manipulo para presidir recepciones o procesionar tras la patrona; pero esa medalla habría que ganarla a pulso y no ser dádiva a modo de los diplomas de fin de curso, o por lo bien que se ha desfilado por la pasarela.

¿He dicho pasarela? Creo que ha sido un lapsus. Para qué seguir. Mañana Benavente será un cadáver exquisito que otros se encargarán de enterrar con dignidad a los acordes de charanga y pandereta."

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